Una cicatriz

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A partir de aquel instante mágico, el sentimiento de clandestinidad desapareció. Fue así porque en todo momento Yoko se comportaba de una forma absolutamente natural, y eso a él le quitaba un gran peso de encima.

Antonio estaba apoyado en la puerta del cuarto de baño observándola fijamente por unos minutos sin que ella se diera cuenta; estaba fumando mirando hacia el lado de la ventana, de modo que dejaba contemplar una fina cicatriz que le subía por la parte izquierda del cuello. A él le extrañó, porque todas las veces que la había visto en la casa ella la ocultaba con su hermoso cabello; de repente giró y lo miró dedicándole una gran sonrisa y haciéndole un hueco a su lado en la cama.
Fue justo en ese instante cuando él lo pensó y se sintió inmensamente agradecido por haberla elegido a ella. Llegó a la casa animado por su colega Ramón, que no comprendía por qué él seguía con su manipuladora mujer; no era la primera vez que estaba con una de aquellas chicas, pero sí la primera desde que estaba casado, y de eso hacía dos interminables años.
Yoko era especial, diferente a las otras prostitutas con las había estado en su vida, y tras ver aquella perfecta cicatriz se le antojaba más misteriosa todavía, quería más…

Fue hasta ella y le apagó el cigarrillo en el cenicero de la mesita, la tumbó en la cama poniéndose encima y le apartó el cabello para admirar e ir besando lentamente aquella cicatriz que le resultaba tan fabulosa. Yoko puso una cara terrorífica y en dos segundos le apartó y se puso a horcajadas encima de él. Se agachó para buscar en su bolso su pañuelo de seda morado, y mientras se lo colocaba alrededor del cuello vio como su cara se transformada de puro éxtasis a puro miedo cuando empezó a apretar, y le dijo:
-Lo siento, me gustabas. No deberías haberte atrevido a tocármela.

Mery EL MÍO

Acerca de María Pino Brumberg

María Pino Brumberg (Santa Cruz de Tenerife, 1981) es licenciada en Geografía por la Universidad de La Laguna, autora y defensora de la integración de las personas con discapacidad. Desde los 13 años se enfrenta a una rara enfermedad degenerativa, la Ataxia de Friedreich. Entre las herramientas que utiliza con eficacia para luchar por sus derechos (que son los de muchos otros también) destacan el correo electrónico, las redes sociales, la escritura, la protesta directa, la paciencia incalculable y la mirada de dragón. En 2010 publicó Con Alas en los Pies (Ed. Idea), un libro autobiográfico que alcanzó varias reediciones, con más de 1500 ejemplares vendidos en Canarias. Transmite un mensaje de superación personal y concienciación, y aspira a ayudar a derribar muchas de las barreras físicas y psíquicas a las que tanta gente se enfrenta a diario, para que la integración sea una realidad tangible y no solo una palabra. Como conferenciante ha pasado por diversas instituciones públicas y privadas de forma solidaria (sobre todo, centros educativos). En 2012 asume el reto de autoeditar su obra a través de Bubok [http://www.bubok.es/]; reescribe su autobiografía actualizándola en el fondo y la forma, y la pone a disposición del público, con el fin de que todo el que quiera, desde cualquier parte del mundo, pueda conocer su historia… Así nace Yo vine aquí a luchar [http://www.bubok.es/libros/219588/Yo-vine-aqui-a-luchar].
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Una respuesta a Una cicatriz

  1. Álvaro dijo:

    Jajajaja. Me encantó!

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